viernes, 26 de julio de 2013

EN BÚSQUEDA DE LA VERDAD. BY//Damelys María Martínez Rosillolo

 
      
                                  EN BÚSQUEDA DE LA VERDAD

Para conocer la verdad hay que leer la palabra, enfocarse en ella. Buscando cada día tener una mente aprobada por Dios, porque una mente sana expresa pensamientos de gratitud, de amor, de gozo, benevolencia, bondad, benignidad, paciencia, fe, sobreabundancia de bendiciones.


En otras palabras, que el espíritu de Dios, guíe tu vida para llevar "un estilo de vida" completamente sano, apegado a su santa voluntad. La verdad está expuesta a la luz, en  Jesús. El Espíritu Santo lo recibió el Señor al ser bautizado por Juan, pero ya Dios le había equipado con una personalidad extraordinaria, sabia, diligente, que nadie tenía en esa época.

En estas mismas líneas, se puede decir que, el Espíritu Santo, se encarnó en la vida del Cordero de Israel, Jesús. El entorno en que vivía era netamente marítimo, creció en medio de barcas, sabía nadar y nadaba mucho, caminaba, trotaba para recorrer la geografía de su nación, y para poder llevar una vida como la que él tenía, debía alimentarse muy bien, para poder expresar sus ideas coherentemente y ser un reflejo de Dios, porque él y Dios uno son.

Al llegar a los caminos del Señor, nos sumerge en su Reino Mesiánico, por eso se produce una revolución en nuestra vida y mente. Nos saca de un mundo de anti valores, y nos lleva al mundo de su Gracia.
El mejor de los reinos, un reino en el que su principal ingrediente es el amor.
Cabe destacar, en primer lugar, que ese modo de vivir en plenitud, debe basarse en el amor porque Dios es amor. Y él nos enseña a amar nuestro yo interior para poder reflejar su rostro en mí. En segundo lugar, eso implica, una sana inteligencia que conlleva a elegir una equilibrada alimentación, practicar algún deporte, disfrutar de esos bellos regalos naturales que el gran Dios de Israel nos ofrece a diario.   
Por último, una vida en su intimidad, en rendición a él, en la meditación de sus hechos constantemente, hace que florezcamos en armonía en él y para él.



                                                               








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