LA OTRA CARA DE LA GUERRA
by// Damelys María Martínez Rosillo
Hablar de guerras, es pronunciar palabras de muerte. Es una condición perturbante que influye psicológicamente en ambos bandos. El que incita a la contienda, y el otro quien la recibe. Es amordazar miles de bocas que gritan al silencio. ¡No deseamos morir!. Es un sacrilegio a la creación divina del hombre. Es ir contra natura. Es la respuesta inadecuada que una población jamás espera de sus líderes.
Al mismo tiempo, es la transformación del ambiente desarrollado por la inteligencia humana y convertido en cenizas. Es una aberración inexplicable al orden previsto para cada cosa, para cada lugar, para cada persona, para cada pueblo, para cada país.
Es una lucha que no tiene justificación alguna, solo por el egoísmo de algunas personas que por considerar que desean ser "superiores" hacen la guerra creando objetos para la destrucción masiva, y no solo crearlos, sino probarlos para ver su alcance aniquilable.
Es una lucha que no tiene justificación alguna, solo por el egoísmo de algunas personas que por considerar que desean ser "superiores" hacen la guerra creando objetos para la destrucción masiva, y no solo crearlos, sino probarlos para ver su alcance aniquilable.
Por un lado, la inteligencia y la cordura se inutilizan y en su lugar sobresale la mente destructiva del tiburón, de la orca, del animal salvaje que no razona y tiene como objetivo, exterminar al más débil, y para ello, se vale de las peores estrategias para aniquilar, para socavar los intrínsecos Valores Humanos, como lo es el derecho inalienable a la vida.
Por otro lado, es pertinente destacar que se debe recibir mensajes educativos basados en la paz, a fin de, evitar tener pensamientos destructivos, y para ello, es necesario que se nutra del amor.
En primer lugar, del amor a Dios, ese Dios que construye día a día la naturaleza, ése mismo que creó el sol, la lluvia, los mares y océanos, los ríos, la vegetación, la flora, la fauna, al mismo hombre, a los animales, Él que da sabiduría al hombre y a la mujer para que gobiernen con rectitud, sin agrandarse. Pero, los misterios de la mente humana, se cambian por los egoísmos reinantes en los corazones que hace que emerjan la locura, las aberraciones, derivadas de vidas maltratadas por la propia vida.
Asimismo, a todas estas personas que tienen en mente pensamientos envilecidos, es necesario que no alcancen puestos de envergadura para que sus liderazgos negativos no sobresalgan.
Cada líder, en cada país debe ayudar a construir, un perfil ciudadano orientado hacia la paz, un perfil en el que se resalte el amor al prójimo, la estima personal, acelerando la construcción de ciudadanos pacíficos que en vez de portar armas, porten la bandera de la paz.
Cabe destacar, que estas mentes destructivas, hacen a veces, la guerra fría, no con trozos de hielo, ni con icebergs, sino con juegos ocultos como esconder los alimentos. Alimentos que más le agradan a la población, tocar el estómago de los inocentes, es tocar un violín con las cuerdas rotas. Es una guerra psicológica, que va más allá, de zumbar un misil en la oscuridad, es quitar el pan de la boca a miles de personas que piensan distinto.
Es la no aceptación de las ideas cambiantes que aunque intenten volver a repetir, jamás será igual, es como unir miles de pedazos de una vajilla de cristal de bohemia, es ir contra la avanzada, contra el crecimiento de la vida de la población.
Es una idea preconcebida de maldad, de escarnio, de transgresión, de avaricia. Por lo tanto, es el aprovechamiento de intereses vengativos de unos pocos que todavía tienen rasgos de poder, para aniquilar al otro, quitándole la materia prima.
En definitiva, se considera que cada día, los ciudadanos deben enfocar su visión a la exigencia colectiva para una vida mejor, exigirle a sus gobernantes que mejoren su calidad mediante la producción eficaz en todos los renglones de la infraestructura de un país.
Al hacer los planes y programas de gobierno, deben concertar propósitos altruistas en los que prevalezcan, como prioridad el amor al prójimo, el respeto, la equidad e igualdad para todos. Es bajar la pobreza a sus ínfimas condiciones.
Al hacer los planes y programas de gobierno, deben concertar propósitos altruistas en los que prevalezcan, como prioridad el amor al prójimo, el respeto, la equidad e igualdad para todos. Es bajar la pobreza a sus ínfimas condiciones.

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